Márcio Falchet é considerado em toda à Europa: O “guitar hero” do Brasil.

Un retrato de la actualidad dentro de la música del coloso sudamericano. Diciembre 2002

Brasil: “A trilha sonora das ruas”

Brasil tiene un riqueza musical tremenda y personalísima. El crisol humano que constituyen sus habitantes, mezcla heterogénea de sangre blanca, india y negra, ha dado como resultado un sinfín de músicas propias o, cuando menos, de adaptaciones propias de ritmos foráneos. En mayor o menor medida, diferentes expresiones, como la canción de autor, el hip hop, o el reggae, por ejemplo, obtienen carices de identidad propia y distintiva cuando se hacen “a la brasileña” y conviven sin problema con musicalidades autóctonas como el forró, la samba o el axé.

Ello da como resultado una arraigada historia de música popular que, como todo arte popular bien cimentado, consta de ídolos tradicionales, ídolos emergentes, artistas de culto, olvidados, megaestrellas, leyendas negras, leyendas muertas… una historia compleja y profunda de la que este artículo pretende ser no más que el pálido reflejo de una rápida pasada, una hojeada a primera vista, una estancia estival de mucho autobús y exceso de kilómetros donde llevar los ojos abiertos y los oídos voraces. No sólo no negarse a la evidencia de que en Brasil la música está en todas partes, sino, además, querer empaparse de un puñado de músicos y músicas que merecen muchísimo la pena. Un repaso nada exhaustivo y sujeto al itinerario de un viaje corto y frugal. Pasen y vean, aunque habría que apuntar, para el interesado, que en España hay una nada desdeñable presencia y distribución de material brasileño, bien documentado y bien aireado. No es, pues, una escena demasiado ajena para el oyente despierto.

Primera etapa: Sao Paulo - Trancoso

Aterrizamos en Sao Paulo, una de las mayores metrópolis del mundo, y, lejos de sufrir los avisados atracos y violaciones, somos recibidos con mucho cariño y simpatía, acabando en la tranquila y pacífica barriada de Sao Caetano. Dos días de toma de contacto para pasar el jet lag e ir conociendo el percal musical, que llega a través de la caja tonta. Ahí la MTV es el único clavo de salvación en una programación que es mayoritariamente basura (o sea, una televisión muy, muy parecida a la de aquí) y nos da la satisfacción de encontrarnos con vídeos currados --currados y con presupuesto, dicho sea de paso-- de, entre otros, Rodox con su “Da quente” (rock de tonelaje pesado y voces líricas que comanda el ex-Raimundos Rodolfo Abrantes), Charlie Brown Jr. y su vídeo “Hoje eu acorde feliz” (mezcla súperactual al estilo Limp Bizkit pero con más desparpajo caribeño) o Cajamaga y su “Tudo azul”, una ración de metal surf donde lucir tablas y cuerpos. También disfrutamos una rato con “Os piores clips do mundo”, el programa que tiene en la cadena Joao Gordo, el orondo berreador de Ratos de Porao, que se marca un espacio sarcástico y provocativo al que no le faltan detractores (eso de ser cantante de los Ratos y presentador de MTV ha levantado más de una ampolla) pero que nos permite ver distintos trabajos videográficos, como, por ejemplo, “Oitavo anjo”, de los 509E, hip hoperos violentos y carcelarios de armas tomar.

La susodicha cadena musical edita, además, una popular revista de música, “MTV Music”, que, como era de esperar, luce contenidos fashion-malotes que saben danzar al sol que más calienta, el de las multis. De todas formas, los kioskos brasileños tiene nutrida y amplia información musical a través de muy diferentes publicaciones. Ahí están “O Caldeiro do Rock”, que se centra en el rock anglosajón de los 50 y los 60; “Rock Brigade”, que junto a “Planet Metal” y “Metal Massacre” se encarga de los sonidos más duros y aguerridos; revistas cuyo nombre ya es una declaración de principios e intenciones, como “Rap do Brasil”, “Rap Rima”, “Mundo Hip hop”, “DJ World”, “Cover Guitarra”… Muy golosas, por lo barato, resultan “Shopping Music” y “DVD Music”, que incluyen en cada número un DVD de regalo, normalmente de artistas consagrados de la talla de Bowie, Hendrix, James Brown, Yes, Neil Young… Y también están las pequeñas revistillas de partituras “Toque Violado”, “Rock Pasión” o “Grandes Interpretes”, que reúnen en notas los grandes éxitos de clásicos populares de la tierra, como Caetano Veloso, Ze Ramalho, Nando Reis, Paulo Miklos o Cazuza. Algunos de estos clásicos veteranos siguen activos, como el luchador de los derechos de la propiedad intelectual Lobao, que ha sacado el directo “Manifesto - A vida e doce”; o Tom Ze, disidente del MPB (Movimiento Popular Brasileño liderado por Veloso y resto de pandilla) que graba para Luaka Pop (el sello de David Byrne), o Ze Ramalho, el Bob Dylan nacional que acaba de publicar “O gosto da criaçao”. Otros han muerto víctimas de excesos y sobredosis, como el urbano Raul Seixas, el soulero Tim Maia o el mítico Cazuza, muerto de sida tras haber llevado al éxito a sus Barao Vermelho con un pop rock duro y contundente.

Puestos a comentar publicaciones no debemos pasar por alto “Romance rock”, un libro del paulista Glauco Cortez que cuenta la historia del pop rock brasileño de los 80.

Lo cierto es que podemos extendernos en un severo repaso de las publicaciones musicales del país, ya que no hay nada mejor que hacer en el trayecto de veintisiete horas de autobús (has leído bien) que nos separan de Trancoso, nuestro siguiente destino. Una vez atravesados los estados de Sao Paulo, Río de Janeiro y Espirito Santo llegamos, en el estado de Bahía, a este pueblecito playero y turístico que desgasta sus noches en fiestas de trance, de house, de forró, de reggae y de funk. Por el día, entre sus calles, se puede escuchar desde el ”Unplugged” de Clapton a cualquiera de los discos clásicos de Bob Marley (una verdadera pasión en la zona), pero también muchos y valiosos grupos de lugar, como Banguela Banguela, Triangulo Caraiva, Xupanomanga y Macamba, grupos marihuaneros y desenfadados todos ellos gozosos herederos de una tradición heterodoxa de mezclar lo nuevo y lo viejo cuyo paralelo más inmediato que se me ocurre podrían ser los Dusminguet.

El reggae también tiene en sus calles y en sus fiestas un lugar primordial y cuenta con bandas patrias de primer orden como Nativus, Tribo do Jah, Cidade Negra, Eldson Gomes, Osurto y Olodum.


Segundo etapa: Sete Brejos- Salvador

Tras otra inevitable riada de horas de autobús llegamos al estado de Sergipe, más hacia el norte, y nos dirigimos al asentamiento rural ocupado de Sete Brejos. Una pequeñísima población de una sola calle donde sesenta y siete familias han conseguido un lugar donde poder vivir y cultivar un trocito de tierra tras habérsela ocupado a un latifundista local, coronel militar y ex gobernador. La tremenda lucha por la supervivencia y la dignidad que nos enseñan los habitantes de Sete Brejos daría para hacer un artículo entero, pero, en fin, esto es una revista de música y no debemos desviarnos del tema principal que nos atañe. En las modestas viviendas del asentamiento no encontramos ni un solo lector de CD, aunque sí un viejo giradiscos donde nos deleitamos con insignes vinilos de ilustres brasileños como Legiao Urbana, el que fuese grupo de pop más importante del país y que, antes de hacerse épicamente poperos y de que su líder Renatto Russo muriese de sida en el 95, hicieron fantásticos discos como “Que país e este” (1978), rock tenso dosificado con punk primitivo que contiene perlas como “Cabloco” y “Conexao amazonica”, canciones prohibidas en su momento (todavía bajo la dictadura militar) por el contenido de sus letras. Lo de Legiao Urbana es un verdadero crack en el país y siguen vendiendo discos como rosquillas año tras año, engrandecidos ahora a la categoría de mitos tras la muerte del líder en un caso que tiene ciertos paralelismos con los ingleses Queen.

La corona del pop rock ha quedado ahora en manos de gente como Pato Fu, que personalmente me recuerdan a Esclarecidos y que acaban de editar un disco acústico en directo para la MTV. Otros triunfadores de ese estilo serían Skank (con sus ciertas reminiscencias bosanovistas y reggae y el ya inevitable disco unplugged para MTV titulado “Ouro preto”), los lánguidos Capital Inical y su reciente “Rosas e vinho tinto” (pop tenso de cara a mable y look a lo Social Distorsion), los veteranos Barao Vermelho (que tras veinte años de carrera han visto cómo se les fue su nuevo líder --tras morir Cazuza-- Roberto Frejat para iniciar carrera en solitario), los Titas (que, a falta de abuela, han titulado su último trabajo “A melhor banda de todos os tiempos”), o los setenteros “a lo Rush” Engenheiros do Hawaii bajo la batuta de Roberto Gessinger.

Con los habitantes de Sete Brejos asistimos a las fiestas de Convento, un pueblo cercano en el que disfrutamos de los ritmos más populares al son de la orquesta A Sensación do Samba, un sudoroso combo local que se esfuerza en versiones de clásicos del forró, que es una especie de cumbia con acordeón y que llegó a su máxima expresión en manos de veteranísimos como Luiz Gonzaga u Os Dominginhos y que hoy en día está en manos de horterillas de maquinilla que responden a culinarios nombres como Acaraje con Camarao, Limao con Mel o Café Pilado.


Tercera etapa: Salvador de Bahía

Regresamos a Bahía y a su capital, Salvador, bulliciosa ciudad llena de color y ritmo. Por el centro, en el mítico barrio del Pelourinho, se encuentran algunas de las más legendarias escuelas de batucada que, con puertas y ventanas abiertas, exhiben unos ensayos de tamborradas que, cual reguero sonoro, invaden la ciudad, caso de la escuela Olodum, con la que han grabado Paul Simon o Carlinhos Brown. En las plazas del barrio no es raro encontrarse a diferentes escuelas de capoeiristas haciendo demostraciones de ese cruce entre arte marcial y baile de exhibición al son del birembau y a golpe de impresionantes patadas e imposibles contorsiones.

También se encuentran estratégicamente situados unos cuantos escenarios que programan con regularidad conciertos de artistas locales. Así, en la Plaza del Reggae pudimos ver un ensayo general de Muzenza, banda de tambores a la que aún queda mucho que mejorar y definir y que ni cuando se pone un cantante o un guitarrista al frente consiguen hilvanar un espectáculo decente. Aún están muy verdes y, claro, se viene inevitablemente a la cabeza los derrochantes (por energéticos) espectáculos que suele ofrecer el egocentrista Carlinhos Brown cuando pasa por la península.

En la Plaza de Quincas Berro Dágua pudimos disfrutar, entre sorbos de caipirinha, de la actuación de bossanova de Marta Leac, una algo anodina actuación donde la cantante, con la languidez y sentimentalismo propios del estilo, iba desgranando un repertorio hecho de clásicos del género que pasan por el inevitable “Chica de Ipanema” y otros éxitos del maestro Vinicius de Moraes.

Lo olvidable de la actuación de Marta Leac no es ni mucho menos la tónica del papel de la mujer en la música brasileña. Muchas y muy valiosas cantantes ofrece el país, como Marisa Montes, probablemente la cantautora más famosa que últimamente ha sido producida por Arto Lindsay, aquel músico de Nueva York que salió escupido de la ruidista No wave para acabar trabajando con músicas tan cálidas, ligeras, sensuales y amables como la de Marisa. Otra veterana cantautora es Zizzi Possi, que acaba de ver reeditado su catálogo al completo con títulos tan clásicos como “Asa morena”, “Um minuto alem” o “Para sempre e mais um dia”. También citar a la bahiana Daudé, practicante de música popular brasileña de ciertas raíces repentistas pero bien actualizadas, o la tremenda Cassia Eller, poeta del blues, el jazz y el funk muerta por sobredosis y con un disco póstumo en el mercado donde canta a dúo con celebridades como Djavan, Rita Lee, Xis, Barao Vermelho…

Una constante en muchas de estas cantantes es que sus repertorios se nutren de las mejores plumas del país para sus canciones. Los absolutos amos de la canción son los autores de la mayoría de la canciones de estas mujeres: Chico Buarque, Gilberto Gil, Lulu Santos, Caetano Velososo, Tom Jobim, Gonzaguinha, Joao Bosco, Carlinhos Brown… la mayoría de ellos en activo y en buena salud artística. El juerguista Jorge Ben Jor, rey de la bossa y la samba en clave abierta y desenfadada, acaba de publicar su acústico para MTV, mientras que Caetano Veloso publica “Kaya N’Gan Daya”, su disco de versiones de Bob Marley, utilizando buena parte del equipo técnico y humano del divo jamaicano a la par que se reeditan clásicos del movimiento Tropicalista, como “Eu vim da Bahia”, directo del 65 donde Caetano comparte escenario con María Bethanía, Gilberto Gil y Tom Zé.

Abandonamos por un momento el centro turístico y nos vamos con un amigo perteneciente al Movimiento Negro (movimiento político que lucha por los derechos de los habitantes de raza negra en Brasil) a la favela Beirú, una de las más peligrosas de la ciudad, con entre seis y siete muertos por semana, y con todos los problemas derivados de la miseria absoluta: violencia a saco, insalubridad, alcoholismo, etc. De la mano de nuestro amigo Lio nos sentimos relativamente seguros en el lugar y podemos conversar tranquilamente con algunos miembros de unas bandas de rap que esa misma noche van a ofrecer un pequeño festival para la comunidad: Juri Racional, Rapazada da Baixa Fría y Verbo de Malandro. De la charla podemos sacar unas aclaratorias conclusiones sobre uno de los movimientos que más fuerza está tomando en el panorama musical, sobre todo en las grandes urbes y entre los poblados favelistas. Por ejemplo que, pese a la tremenda influencia del rap al estilo USA, cada vez se tiende más a buscar elementos propios para las bases, un sonido autóctono. También se desprende un cierto carácter altruista y comunitario en los grupos, que sienten la necesidad de ayudar a los críos, de integrarlos a través del hip hop: los músicos buscan ser ejemplos, una alternativa a estar en el “veneno” (expresión que hace referencia a estar metidos en las bandas de gangsters). Como el origen de las bandas es de favela, de lo que hablan es de esa realidad, por lo que muchas de las letras llevan una gran carga violenta. De hecho, hay bandas que glorifican y alientan el uso de armas (por ejemplo los multivendedores Faccao Central) y siempre hay chavales que se creen y viven a pies juntillas lo que se les cuenta en las canciones. Otra necesidad de las bandas es la de autogestión, la de la búsqueda de infraestructuras que permitan desarrollar a los grupos y al movimiento, ya que desconfían de las multinacionales, un concepto difícil teniendo en cuenta la miseria reinante en el ambiente.

Lo cierto es que el rap está siendo muy bien acogido entre los jóvenes urbanos más pobres. La tremenda denuncia social y política que hacen los MCs ante una realidad tan hambrienta tiene mucho eco en la población. Ahí está, como muestra, el millón de discos vendidos por Racionais, cuyo líder, Mano Brown, es un verdadero ejemplo de coherencia y discurso inteligente. Otro de los grandes vendedores es N dee Naldinho, con sus provocativas canciones dedicadas a los atracadores de bancos y el disco de platino (si lo diesen) en ventas. Otros de los grupos importantes del movimiento hip hop son SPFunk, SNJ, MV Bill, Faccao Central, KL Jay, Esquadrao Zona Norte o Cazadores Harmonía. Entre los grupos que dan mayor impulso a la propia identidad brasileña podrían estar Z’ Africa Brasil, cuya Z está en honor del mítico abolicionista Zumbi dos Palmares, rey de los esclavos negros en rebeldía (los quilombos) que practicó la guerra de guerrillas contra los blancos hasta ser capturado y ajusticiado y del que existe un movimiento para hacer fiesta nacional el día de su muerte. Rappin Hood es otro afrobrasileño que defiende la utilización de la bossa o la samba para hacer las bases de la música rap y que destaca la influencia de los repentistas (tradicionales improvisadores de versos) en el hip hop patrio. Hay algunos hechos del movimiento brasileño de rap que son harto reveladores: por ejemplo, la extrema creencia en Dios (pueden cantarle a empuñar una pistola pero jamás se olvidan de dar gracias a la Virgen).

También está el hecho de que determinadas marcas de ropa “apadrinen” a ciertos grupos (como si fueran deportistas). Así, Wu-wear viste a Esquadrao Zona Norte, Biggyboyz a Eclesiastés, Hemp a RZO, M-dez a Alvos de Lei y KFZ a MultiFaces. La infraestructura promocional de la música es bastante independiente: el sello más importante es TNT discos, dirigido por Donizete y que ha apoyado a la mayoría de los veteranos: Negritude Junior, Sesacao, Cambio Negro, Baseando nas Ruas, Som de Assalto, Face da Forte… De radios libres no se puede decir que anden mal servidos (y que no sólo pinchan hip hop). Ahí están R. Atividade, R. Nova Estilo, R. The Beat, R. Nova Era, R. Imperial, R. Manancial, R. RRCA, R. Viginia, R. Laser, R. Cidade das Aguas o R. Alternativa.

Lencois- Río de Janeiro

Avanzamos hacia el interior del estado Bahía entre ríos, cascadas y aguas subterráneas,  y llegamos a la ciudad de Lencois, una pequeña población de piedra montañesa que tiene el interés musical de ser la ciudad donde Jimmy Page tiene una casa. No tenemos la suerte de encontrarnos con el divo zeppeliniano, pero nos cuentan que alguna vez se le ha visto tomarla por los bares de la zona con una cogorza considerable. No ha sido Jimmy el único mito musical occidental en quedar prendado de esta tierra: en los 70, Janis Joplin y Mick Jagger hicieron famosas sus estancias en la costera y hippie Arembepe. Más recientemente, Nick Cave pasó una etapa brasileña que dio como resultado discos como “The good son” y Manu Chao pasa largas temporadas en Río (tiene incluso familia acá). Por no hablar de los multitudinarios festivales y conciertos de artistas anglosajones, con actuaciones históricas como la que recoge Iron Maiden en su ultimo DVD del festival “Rock in Rio” y que en otros años ha recogido apoteósicos bolos de unos Neil Young, Ramones, Motorhead, Oasis, Red Hot Chili Peppers o el penúltimo regreso de Guns’n Roses. Hasta el mercado español hace tímidas incursiones en tierras brasileñas, pues recientemente se han editado allí los últimos trabajos de Rosario, Estopa, Mago de Oz o Boikot.

Otro de los méritos de Jimmy Page como uno de los padres putativos del heavy metal es la tremenda influencia de este género en la música brasileña de hoy en día. Probablemente la banda más famosa de metal en Brasil sea Sepultura, que sigue cosechando pasiones, pese a la marcha de Max Cavalera, con su sustituto Derrick. Por su parte, Max ya tiene nuevo disco en la calle con Soulfly, pero, como el título es un simbolito, no lo podemos reproducir en el artículo. Por cierto: hay quien anda rasgándose las vestiduras con Max por atreverse a versionear al cantautor clásico Jorge Ben Jor (ya se sabe lo cerraditos que suelen ser los metaleros). El heavy clásico es, de todas las formas de metal (vía Maiden, Scorpions, Judas…), el que más adeptos tiene: ahí están los multivendedores Angra con su nuevo disco “Re-birth”, Mr Powerfull con “Sound of destiny”, Fates Profecy con “Eyes of truth” (repuestos tras la muerte de su primer cantante Andres Boragina), Glory Opera con “Alem da fronteira”, Hellishwar con “Defender of metal”, veteranos como Patrulla do Espaco o nuevas promesas como Nordheim. Los héroes de la guitarra heavy también tiene su hueco, caso de Marcelo Watanabe con “Nave louca” y Márcio Falchet con título homónimo para sus discos. Y, por supuesto, las diferentes facciones de metal: dark metal para Unearthly y su “Infernum”, thrash metal para Shadows FX y su “Idem”, black metal para Malkuth y “Destroying the simbols of lies” y death metal para Deliver y “The second death”. ¿Cambiamos de tercio?

Nos movemos de estilo y de ciudad, pues, aunque vamos a seguir con guitarras saturadas, lo vamos a hacer llegando a Río de Janeiro. Ha llegado el turno del punk y el hardcore, y no es que Río tenga fama especial por ser muy punk (su fama mundial viene por otro lado), pero en esta gran ciudad se aprecia muy bien otro de los movimientos musicales que más adeptos tiene. Hasta la península nos suelen llegar puntualmente los discos del hardcore a lo “vieja escuela” de Ratos de Porao, quienes acaban de grabar ”Onisciente coletivo” (que en breve editara Beat Generation aquí), su nuevo trabajo en el que, por cierto, colabora el favelista Rappin Hood. En esta onda más borrica del asunto podríamos encuadrar a Jack Daniels Inc. con “Mate aos faraos”, que devanea entre GBH y Slayer. También Gritando HC (cuyo cantante Donald falleció recientemente), Alternative System, Mellow Think, Food 4 Life, el grindcore agresivo de Presto… También tenemos a Euthanasia (que en su “Estileira core musictarja preta” mezclan el hardcore con rap y grind) o a Macakongs 2099 (que mezclan hardcore con metal en “Bonitos, ricos, sortudos e bons de brica” y cuyo líder, Phu, pasó por las filas de Ratos de Porao). El estilo de punk hardcore, tenso pero bien avenido (como unos Pennyswise, por ejemplo), lo luce Overlife en su “Guia pratica de cómo se expresar de forma simple”, Duff’s en “Incertosdias” y Reffer en su disco homónimo. Todavía más melódicos, aunque igualmente punketas, resultan Supermodel y Jack Fluster con “Disconstructed”. En el apartado de grandes éxitos situaríamos a CPM 22, con un pop punk que suena hasta en las radios comerciales, a Dead Fish, que se lo comen igual pero en el rollo alternativo, y a Supla, el Billy Idol nativo que se dio a conocer a nivel nacional a través del “Gran Hermano” de allí (¿Te imaginas al Kabezabolo buscando una nueva forma de promoción?). Como clásicos citaremos a Colera y sus himnos innegables “1992”, “Direitos humanos” o “Suburbio Geral”, o a Accao Direita con su hardcore clasicote que, paradójicamente, ha triunfado más en la Europa del este que en su país. Como prueba de ello está su “Live in Slovenija”.

De todas formas, el metal o el punk brasileños son estilos que mimetizan con bastante fidelidad a sus originales anglosajones. Más interesantes y exportables resultan los grupos que mezclan un poco de todo: rapeando, funkeando y roqueando en un “todos para uno” la mar de vistoso y lúcido, caso de los fantásticos Tihuana, cuyo último disco se llama “A vida nos encina”, en el que lucen orgullosas camisetas de Korn y un timbre vocal similar al de los R.A.T.M. También están los ya conocidos por aquí, y ortodoxos practicantes de sólido rock melódico, Raimundos, que acaban de editar “Kavookavala”, o los desaforados Tía Nastacia, los histriónicos P. O. Box, los completos Charlie Brown Junior, los atrevidos, demoledores y exitosos Planet Hemp, o los imprescindibles, genuinos y poderosos Chico Science y su mezcla de riffs guitarreros y batucadas bestiales (su líder murió hace pocos años en accidente de tráfico).

Entre unas cosas y otras se acerca el momento de volver a Sao Paulo a coger el avión de vuelta. Los días inmediatamente previos aprovechamos para playear en Paraty, un pueblo de aguas tranquilas, casitas bajas y asfaltado de piedra que se prepara para celebrar sus fiestas y entre cuyos conciertos destaca la participación de O Rappa, uno de los grupos fuertes del país, practicantes de un pop sensual de cadencia reverberante y caliente que finalmente tiene que ser suspendido porque uno de sus componentes fue “baleado” en una favela, al parecer por la propia policía.


Kike Buitre

Nota: La realización de este artículo ha sido posible gracias a la extraordinaria paciencia y comprensión de Begotxu y a la desinteresada y valiosísima colaboración de Daniela Colapietro y el artista plástico Jobim. Gracias.